LAS CABAÑUELAS Y SU METODOLOGÍA DE LA A/Z.

"Está escrito en el cielo, todo lo que pasará en el suelo” reza la famosa y verídica frase, y es que como ya comentamos en  otras ocasiones, la naturaleza no cesa de sorprendernos con magistrales lecciones que potencialmente ponen al alcance de todos nosotros, su sabiduría, belleza y grandeza. Sólo resta por nuestra parte observar atentamente todo lo que nos rodea, y saber descifrar las claves que nos llevarán a descubrir sus secretos.

Los seres vivos somos en este sentido espectadores de primera del gran espectáculo que ofrece una naturaleza que nos proyecta sus lecciones en pantalla gigante y nos habla tanto a través del lenguaje sonoro, como de signos, con voz muy clara y sin codificar. En definitiva, lenguaje universal y con señales perfectamente legibles que hacen posible que todos los seres vivos podamos leerla, entenderla y respetarla. Y esas lecciones magistrales  nos vienen dadas por los elementos: aire, agua, tierra y fuego, a través de los cuales se libera y distribuye la energía universal, para la vida o lo contrario.

Si somos capaces de absorber, asimilar y difundir el conocimiento de los signos de la naturaleza, lo estaremos haciendo comprensible y extensible, consiguiendo que perviva, nos nutra, haga de nosotros seres más inteligentes, y sobre todo, sea útil para cumplir de forma óptima con nuestras funciones en nuestro deambular por el planeta. Para conseguir asimilar dicho conocimiento, nos puede ayudar el fraccionarlo, dividirlo o seccionarlo en espacios: cielo, mar y tierra, y todas sus influencias, teorías, argumentos y herramientas.

A este fin, me propongo exponer a continuación algunos conceptos básicos y sencillos que nos puedan iniciar en hacer observaciones, comparaciones y deducciones de los elementos mencionados o afines. Es decir, que nos ayuden a iniciarnos en la lectura de Las Cabañuelas, finalidad para la que se utilizan diferentes sistemas y metodologías según país y zona o región, e incluso se enriquece con aportaciones personales del observador de los signos, herramientas y animales más diversos, centrándose sobre todo en el mes de agosto, cuyos días son básicos para realizar el estudio tradicional que nos permita predecir con la máxima exactitud posible el tiempo futuro a medio y largo plazo.

Hay constancia de que estos estudios se han realizado desde tiempos pretéritos, por parte de agricultores y gentes del medio rural que se servían del conocimiento transmitido por sus mayores. Un conocimiento que no siempre caía en “terreno fértil” o no era transmitido a alumnos aventajados, porque no todos sus descendientes tenían la capacidad receptora mínima de observación, interrelación y comprensión, lo que se podría llamar el entendimiento, el interés y la sensibilidad necesaria para captar la sabiduría compleja y los sorprendentes secretos de la naturaleza.

Algunos signos son universales, otros nacionales y aún otros, locales, pues cada zona tiene su propia configuración, elementos predominantes, climatología, etcétera. También pueden variar en lo meteorológico, dependiendo del elemento y/o herramienta del objeto informador que tomemos en consideración: sonido, color, tamaño, posición y muy especialmente el día de la semana. Como ejemplo, se pueden observar las siguientes puestas de sol que aportan información diversa por sus diferentes formas, colores, distancia, dirección, extensión y demás. A partir de lo cual, podríamos saber qué comportamiento climático: lluvia, viento, calor…, tendríamos en los próximos días. Básicamente hemos de tener en cuenta qué día de la semana lo vemos en este caso al poniente, y lo mismo se hace al saliente. De este modo nos daría información y referencias a más  largo plazo.

Nunca insistiremos lo suficiente en que son incalculables y magistrales las lecciones que la naturaleza pone a nuestro alcance, nosotros sólo hemos de estar en el lugar y en el momento adecuado en que se produce la secuencia para poder leer su mensaje, describir atenta y acertadamente su contenido, contrastar el suceso en varias dimensiones, y de suma importancia es ver si se repite, pues como acertadamente se dice “La repetición es la madre de la enseñanza”.

Y podríamos añadir otro dicho, aquel de “Nunca se acaba de aprender”, y es que si por ejemplo tomamos una referencia astral que coincide cada ciclo de 4 años y queremos repetir con otro ciclo de 20, la vida se nos pasa en un vuelo y no llegamos a entender todo lo que podríamos sobre: las lunas, los comportamientos en años bisiestos, los planetas, las mareas y demás. Vida corta y casi todo por descubrir, hacen imprescindible el transmitir nuestro legado lo más detalladamente posible a alguien joven, hábil y con la mente abierta al conocimiento, con la finalidad de que “el libro de lectura de la naturaleza” siga aumentando el número de sus páginas, generación a generación. Yo mismo sigo los conocimientos transmitidos por mi padre, como este los siguió del suyo.

Nos es fácil, pero tampoco tan complicado o complejo, y sí muy atractivo e interesante, y como muestra, véanse algunos ejemplos de conocimiento ancestral.

 

LAS HORMIGAS.-

 

         De estos bichitos se extraen muchos datos informativos por ser junto con las abejas, trabajadores gregarios o unidos, con comunidades muy numerosas y extendidas a lo largo y ancho del planeta. Todo lo cual nos sirve para extraer variada información mediante el estudio de su comportamiento o forma de trabajar alrededor del hormiguero, especialmente durante ciertos días del año.

         Se estudian cosas tales como tipo de género que transportan hacia dentro o hacia fuera del hormiguero, en que horarios lo hacen, el mayor o menor número a de las que trabajan al mismo tiempo, a qué distancia de la boca de sus cámaras dejan el desecho o la tierra al sacarlos y si lo vuelven a introducir o no, si después sacan a sus larvas o crías, y cuando salen las aladas cuánto tiempo permanecen fuera, si se van del hormiguero o se quedan y si algunas de ellas carecen de las alas.

         También, si las del mismo hormiguero luchan e incluso se matan unas a otras, y en qué época lo hacen.

         Estos insectos, sobre todo los más comunes u hormiga negra que habita casi siempre en nuestras parcelas y solares, en tanto que las “rojillas” o  pequeñitas hormigas rojas habitan cerca de nuestras despensas, por ser más “urbana” y “doméstica”. Pues bien, tanto unas como otras, nos transmiten una información climática que bien firmada y observada, es muy veraz, y aporta numerosa y variada información del entorno cercano, del tiempo próximo y comportamiento climático.